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viernes, 23 de noviembre de 2012

Mariano Rodrigo Mariani Ermacora: Saanta Fe/ Argentina


 PONENCIA
 
                                              Mariano Rodrigo Mariani Ermacora

La temporalidad en la literatura

“La poesía es una metafísica instantánea”

                                                                          Gastón Bachelard



Introducción-----------------------------------
El hombre “su” palabra y el tiempo-------------
Diferentes formas de concebir el tiempo--------
El tiempo en las cosmovisiones-----------------
         .El modelo griego
         .El modelo medieval
         .El modelo moderno
         .El modelo contemporáneo
Instante poético e Instante metafísico----------
El retorno al origen----------------------------
Tiempo y narración en Paúl Ricoeur--------------
Conclusión--------------------------------------
Bibliografía------------------------------------




Introducción


Nuestra percepción, la percepción humana, se da entre cierta inteligibilidad del ser y cierta irracionalidad o anonadamiento. Luz y oscuridad. Danza misteriosa entre lo esperado e inesperado, entre lo sorpresivo/donado y lo buscado. Entre estos trechos imposibles de medir, de cuantificar, merodea y padece nuestra vida, la vida. Lejos esta, por esta razón, pretender clausurar o poner entre limites precisos el camino de esta reflexión. Nuestro cometido es mantener hasta donde más podamos nuestra atenta expectación, ya que a pesar de tener la capacidad de sabernos siendo, de tener conciencia de nuestro modo de trascurrir y de estar, no nos percatados del modo en que la vivencia de la temporalidad determina nuestras vidas. Tal es esta determinación que afecta toda nuestra existencia, el trato con las cosas, con las personas y con nuestro destino. La disposición  espacio- temporal de nuestros quehaceres, desde el ordenamiento más pequeño a la disposición en contraste o consonancia con los ritmos naturales, afecta profundamente el ser del hombre, su manera de sentir (sus sentimientos) y su manera de pensar (sus ideas). Los hábitos nos constituyen, abren o cierran nuestra comprensión de la realidad circundante (hombres y cosas) e interior. 

El hombre tiene la capacidad de montar un escenario artificial para su morar en esta vida. La ciudad, una de las creaciones humanas por excelencia, ha dejado de cumplir su objetivo esencial, ha dejado de ser una morada que humaniza y plenifica al hombre. Tanto el espacio como el tiempo en el que moramos nos parecen algo tan familiar y obvio que se disimulan hasta su ocultamiento. Sin embargo, nos ciñen en sus misteriosas entrañas.

San Agustín se lo preguntaba, rompiendo la mirada habitual:

“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?”  *1

 

 
La persistencia de la memoria. Dalí

El hombre “su” palabra y el tiempo
 

La primera impresión es paradojal, exigirnos intentar ceñir el tiempo siendo propiamente temporales (contradictio in adjecto). Mientras de él hablamos él no cesa, de aquí que solo podamos intentar una especie de inmersión. Salirnos del curso habitual para, verticalmente, penetrar en sus escurridizos aposentos. Siendo este un “ahora” debemos trasgredirlo. He incluso nos aqueja la paradoja del lenguaje, ese decir y ocultar nos sirve a medias para mostrar, si fuese posible, su realidad. Las palabras se resisten. Mostrar y ocultar parecen ser las dos caras de las palabras. Ellas señalan en su ocultamiento. Ellas están en el tiempo y son capaces de trascenderlo, a pesar de lo que Borges diga en la Nueva refutación del tiempo*2 , de que: “Todo lenguaje es de índole sucesiva; no es hábil para razonar lo eterno, lo intemporal”. Uno se sirve irrespetuosamente de ellas, de las palabras, y de su aparente y clara significación para señalar una realidad. Lo importante, entonces, no son las palabras sino lo que esta detrás de ellas, sin embargo, somos deudores de su servicio para intentar develar con ellas lo que signan. Entramos así en un azaroso juego con respecto al destino de ellas y su sentido. ¿Podremos decir el tiempo entonces? 

 


Saturno devorando a sus hijos. Francisco de Goya.

Diferentes formas de concebir el tiempo

 

No todas las culturas tienen la misma concepción o vivencia del tiempo. Para los Aymara la palabra que indica el pasado es nayra, que literalmente significa ojo, a la vista o al frente. El pasado esta al frente. Mientras que la palabra que traduce futuro es qhipa, que quiere decir detrás o a la espalda. Ghipüru, la palabra aymara que se traduce como mañana, combina qhipa (: atrás) yuru (: día), siendo literalmente "día que está a la espalda". Mañana es lo que esta a nuestras espaldas.

 

El tiempo en las cosmovisiones

El modelo griego: La visión griega del devenir histórico, esto es, de como el hombre percibe su estar-pasando, se relaciona estrechamente a su concepción de naturaleza. La naturaleza, Physis, termino de difícil traducción, se concibe como una realidad o principio ultimo de todas las cosas, es desde donde provienen y hacia donde ellas vuelven para retomar nuevamente su ciclo, de ahí su carácter de divina. La naturaleza para los griegos connota divinidad. “La naturaleza es autosuficiente, existe en si misma, es absoluta y eterna, regulada por la legalidad racional y necesaria” *3. El griego toma y en su cercanía con los lazos naturales, es fusionada su visión con los procesos naturales. Así el cosmos, ese orden bello, armonioso y jerárquico es modelo del devenir eterno y regular. La circularidad es la imagen temporal en está visión*4 . Así es como se mueve la naturaleza y así es como el griego esta inmerso e influenciado por y en ella.

Día-noche, muerte-vida, los ciclos de las estaciones, etc. en su eterno modelo del devenir de las cosas y del hombre. 

El modelo medieval: La visión medieval mantendrá cosmológicamente la misma visión de mundo, en este caso geocéntrico*5 , jerárquico, teleológico, armónico y bello, aunque aquí la aparición de Jesucristo, la encarnación de Dios en la tierra, determina un momento que irrumpe y trastoca todas las dimensiones de la realidad. El mundo medieval lleva consecuentemente la noción de creación a todos los niveles de la realidad. El mundo es creado y todos los existentes en él. El tiempo tiene un punto cero desde donde todo ha comenzado y tiene un final, un acontecimiento porvenir y salvífico. “Así el sentimiento de la existencia humana es un sentimiento de “transito” por este mundo, abierto a la esperanza de una verdad y justicia ultimas. El hombre es un peregrino que va haciendo su camino al encuentro de Dios”6 . El tiempo en esta cosmovisión es vivido como una emulación de los acontecimientos de la vida Cristo. “El misterio de Dios alcanza su concreción en la Liturgia que, además de comprender el culto propiamente dicho, abarca la vida entera del hombre. En efecto, el tiempo humano no es vivido uniformemente, sino ritmado y pautado de acuerdo a un calendario que rememora la obra de Dios desde la creación del mundo hasta la consumación final. Los tiempos fuertes serán Navidad y Pascua, precedidas de una preparación ascética y prolongada en expresiones festivas. Es una especie de arquitectura del tiempo humano, en la que hay “un tiempo de sufrir y otro de gozar, uno de trabajar y otro de descansar, uno de hablar y otro de callar, etc.”, que se van sucediendo armónica y equilibradamente. De este modo los días, las semanas, los años, los ciclos mayores (jubileos) van ritmando la vida en su totalidad”*7 . La imagen del tiempo en esta cosmovisión, es lineal, ritmado y pautado, con principio y final. 

El modelo moderno: El giro copernicano abre la modernidad trastocando y distanciándose de las visiones anteriores respecto al tiempo. El descubrimiento de la infinitud y la homogeneidad del universo nivelan el universo jerárquico que hasta ahora se concebía. Los descubrimientos en biología*8  y paleontología en el siglo XIX también aportan un importante giro, mostrando la realidad antes estática ahora histórica-evolutiva en todos sus niveles. “Con el progreso de de la biología y de las ciencias acerca del hombre, el siglo XIX da un paso decisivo para conquistar “una nueva imagen de mundo” en la que la “temporalidad” juega un papel esencial. El cosmos siempre idéntico, de vigencia casi bimilenaria, comienza a diluirse ante los ojos y aparece un nuevo cosmos dinámico y en evolución. Se empieza a hablar de una “historia” del mundo y de la vida, con lo cual la naturaleza ahistórica de los griegos, medievales y modernos entra en un cono de sombra”*9 . El tiempo se ensancha hasta el infinito, no se concibe un principio ni fin, como tampoco se está en una eterna circularidad. La imagen representativa del tiempo de la modernidad es la lineal sin principio ni final. De aquí que se desprendan la idea de progreso y su par civilización, un progreso indefinido hacia una estado de civilización pleno en un porvenir no estipulado. Esta visión perdura y es profundamente incisiva en nuestra cultura contemporánea. Dice el Filosofo Santafesino Máximo Chaparro: “Según la conciencia moderna, el devenir histórico se prolonga hacia atrás, hacia el pasado, hasta lo inalcanzable, sólo los mitos y las leyendas nos hablan del origen; este devenir histórico no posee limites en el futuro, es como un movimiento infinito hacia adelante. El sentido de la historia no esta en alcanzar una meta suprahistórica; sino que el sentido de la historia está dentro de la historia misma. La redención del hombre se realizar dentro de la historia y el “mal” inexorablemente será superado en un futuro mejor” . *10

La sensación es como la que describe Borges en su obra Otras inquisiciones: “y los hombres se sintieron perdidos en el tiempo y en el espacio. En el tiempo, porque si el futuro y el pasado son infinitos, no habrá realmente un cuándo; en el espacio, porque si todo ser equidista de lo infinito y de lo infinitesimal, tampoco habrá un dónde. Nadie está en algún día, en algún lugar; nadie sabe el tamaño de su cara” La irrupción de lo infinito nos ha cambiado la imagen y lugar que el hombre ocupa en el cosmos, ha cambiado su estatura, ya no somos hijos de Dios y participes de su destino, ya no somos hijos de la phisys o de la naturaleza Griega, ni estamos imbuidos en un eterno retorno, sino somos una minúscula partícula que vaga en la infinidad del universo. La sensación es más bien de un estar perplejos.

Modelo contemporáneo: Sobre la época contemporánea o posmoderna, tomare la visión que E. Morin*11  tiene al respecto. Morin*12  considera que: “La condición humana está marcada por dos grandes incertidumbres: la incertidumbre cognitiva y la incertidumbre histórica…” La primera de las incertidumbres hace referencia a la parte gnoseológica, ya que tanto cerebral, psíquica y epistemológicamente nos movemos en un terreno movedizo, la verdad se ha resquebrajado. Mientras que la incertidumbre histórica hace referencia “al carácter intrínsecamente caótico de la historia humana”, en otras palabras es casi imposible encontrar regularidades que nos muestren “una” historia. “No hay leyes histórica”.

“El curso que toma la historia de la era planetaria se evadió de la orbita del tiempo reiterativo de las civilizaciones tradicionales para entrar, no en la vía segura del Progreso sino en una incertidumbre insondable”*13 . A nivel macro entonces es difícil caracterizar una imagen de nuestra vivencia del tiempo, ya que mantendría una cierta linealidad infinita, pero, dada su incertidumbre constitutiva estaría contenida entre dos vacíos. Pero en cuanto al nivel particular, cotidiano podemos constatar que nuestra vivencia del tiempo está signada por los ritmos que impera el sistema económico en desmedro de todas las demás facetas de la realidad humana. El tiempo es dinero, ese es su medida y ritmo. Lo útil es lo que da dinero y nuestro tiempo es vital mientras lo genere, todo lo demás cae en este reduccionismo existencial. 

 

 

La explosión del reloj. Salvador Dalí

 

Este breve pasaje por las distintas visiones de tiempo desemboca en nuestra temática primordial. El entrecruzamiento de tiempo y narración o también tiempo y poesía en sentido amplio. 

 

Instante poético e instante metafísico

El alma es de alguna manera todas las cosas”

De anima, Aristóteles

Gastón Bachelard a través de su obra La intuición del instante, nos permite sumergidos en la mixtura de metafísica y poesía, allí donde se enlazan de forma original y donde la experiencia del “tiempo vulgar”*14  se desvanece para dar lugar a una experiencia mucho más rica del ser, de la realidad. “La poesía, dice, es una metafísica instantánea. Ella debe dar, en un breve poema, una visión del universo y el secreto de un alma, un ser y cosas, todo a la vez. Si sigue el tiempo de la vida, es menos que la vida, sólo puede ser más que la vida inmovilizándola, viviendo donde se encuentra la dialéctica de las alegrías y las penas. Ella es entonces el principio de simultaneidad esencial en donde el ser más disperso, el más desunido conquista su unidad”*15 . Es una experiencia en la cual se sale de la vida cotidiana, por más que sea ella misma la realidad escrutada, para luego retomar desde su inmersión con las dadivas conseguidas. La poesía logra de está forma emerger de lo particular y penetrar desde él hacia lo esencial. Se cumple lo que decía Miguel de Unamuno: “Hemos de hallar  lo universal  en las  entrañas de lo local,  y,  en lo limitado y circunscrito lo eterno”. Desde las entrañas de lo local, es pues, desde donde se puede partir. Desde lo minúsculo, particular, múltiple, perecedero, casi disimulado por la caótica contingencia que lo acosa. Así, el poeta logra disimularse con lo eterno en el momento creador, fundirse con la cosa, hacerse uno. La poesía, o toda verdadera experiencia estética, difiere de los demás actos de conocer (cotidiano, filosófico o científico). “El poeta, continua Bachelard, destruye la continuidad simple del tiempo encadenado para construir un instante complejo, para unir sobre ese instante numerosas simultaneidades”*16 . Es en el umbral de las palabras donde nos queremos posicionar para dar testimonio del origen de ellas. Desde donde se da la génesis de las palabras. Luego, las palabras son como el residuo lejano de aquel acto primordial desde donde han surgido. Hurgar, romper la cáscara petrificada de las palabras es desde donde comienza el lector a vivir el momento sin momentos de la poesía, el tiempo vertical. Ahí es donde nacen las palabras, en ese instante de simultaneidad universal, fuera del tiempo del reloj, del tiempo cósmico o del tiempo de los ciclos emocionales. Es mucho más que una unión, mixtura, mezcla o amalgama, pues no se puede dar distinción de partes, se inmola el sujeto y el objeto, es mi esencia (lo más propio de mí) con la cosa visitada. Ella me habita, nos cohabitamos. Las palabras de Nimio de Anquin son precisas en este sentido: "El hombre, o sea la conciencia del hombre, es como una casa que espera *17 siempre un huésped. El hombre no puede vivir sin el huésped, que es el sostén de la casa o sea que es la razón de la casa. Sin el huésped no se explica la casa, es decir, no se explica el hombre" *18. Somos casa y huésped. Habitar la poesía o que la poesía nos habite. Ese instante de habitación alimenta el impulso que da la vida a la verdadera palabra, la hace nacer. El poeta se hace poesía y la poesía es como un rayo sorprendente que petrifica al poeta y lo aúna con el mensaje recibido. En un tiempo sin tiempo el poeta padece la poesía, está condenado a responder a su vida con poesía. En un acogimiento simultáneo, en un haz vertical no pautado más que por los ritmos naturales de su ser, ocultamente, pero de forma continúa, espera los llamados misteriosos de la esencia de la vida. En ese instante mora la poesía y “su” poeta o viceversa, pero precisamente no hay  pertenencia, sino co-pertenencia. El instante poético es el de la verticalidad. Dice Bachelard: “En el instante poético, el ser sube o baja, sin aceptar el tiempo del mundo que llevaría la ambivalencia a la antitesis, la simultaneidad a lo sucesivo”*19 . La multiplicidad convive con la unidad, no se pierde la riqueza de ambas. De aquí que afirme Bachelard que “el misterio poético sea un hecho andrógino” *20. De esta manera el tiempo y el espacio se volatilizan, se concentran y se distienden en una musicalidad nueva, inaudible, imperceptible a los sentidos, pues, los trasciende o mejor dicho los atraviesa, los habita. El tiempo vertical, metafísico o poético sortea la brecha sujeto-objeto, unidad-multiplicidad, para abrirse al tejido simultáneo de la realidad. Poeta-poesía habita ese instante, se desentienden de la duración que dispersa, del espacio que mutila los verdaderos sentidos o significados.
 

“¡Que planea sobre todo, y sabe sin
 esfuerzo, la lengua de las flores y
de las cosas mudas!”

Elevación. C. Baudelaire, Las Flores del Mal *21 

El poeta-poesía padece, es en cierto sentido victima de un lenguaje que lo atraviesa, de una naturaleza que le susurra confusos vocablos, parafraseando a Baudelaire. De visiones que lo habitan y lo sumergen simultáneamente en la danza de lo invisible y visible, de la mudez y el habla, de la claridad y la oscuridad, todo al unísono. 

“No ponemos nuestros ojos en las cosas
visibles sino en las invisibles; pues
 las cosas visibles son pasajeras, mas
 las invisibles son eternas”

San Pablo, 2 Corintios 4:18 (BJ)

Estas palabras bíblicas se ajustan también a lo antes dicho, pues la poesía comporta, en tanto que acaece en el hombre, ese carácter o sentido religioso propio del poeta, propio del que trasciende este mundo para luego volver su mirada sobre él y significarlo.
 “El arte es símbolo” dice Heidegger *22, y por lo tanto remite, invita, llama al más allá de lo dado, a su origen, a su causa. (Los que se burlan y lastiman al poeta-albatros de Baudelaire son los que se asfixian en una finitud iconoclasta). La poesía, en este sentido, se vive verdaderamente desde dentro. La poesía necesita que quien la vivencie se haga, primariamente, ajeno al “mundo”, para luego retomar a él .*23    
El arte por lo tanto nos alivia de cierta claustrofobia materialista que miopemente considera que el mundo es lo dado sin poder atisbar su trasfondo sustentador. Es lo que hace que un conjunto de rocas sea un templo y que esté pueda acoger a la divinidad allí, que un lienzo pintado pueda ser la plasmación de la verdad en su lenguaje pictórico o que a través de las palabras se pueda sujetar lo inmutable y bello. La materia, la cosa a secas, en sentido aristotélico, es por lo tanto un andamio, un leve puente que establece la posibilidad de salirnos del curso o ritmo corriente (Tiempo vulgar, Heidegger) para sumergirnos en un tiempo que enlaza el tiempo cosmológico (Aristóteles) con el tiempo del alma humana (San Agustín).

Heidegger señala esta cualidad de mimesis temporal con y de la obra de arte: “Lo mismo le ocurre a la estatua que le consagra al dios el vencedor de la lucha. No se trata de ninguna reproducción fiel que permita saber mejor cuál es el aspecto externo del dios, sino que se trata de una obra que le permite al propio dios hacerse presente y que por lo tanto es el dios mismo. Lo mismo se puede decir de la obra hecha con palabras. En la tragedia no se muestra ni se representa nada, sino que en ella se lucha la batalla de los nuevos contra los antiguos dioses. Desde el momento en que la obra de la palabra se introduce en los relatos del pueblo, ya no habla sobre dicha batalla, sino que transforma el relato del pueblo de tal manera que, desde ese momento, cada palabra esencial lucha por sí misma la batalla y decide qué es sagrado o profano, grande o pequeño, atrevido o cobarde, noble o huidizo, señor o esclavo (vid. Heráclito, frag. 53).”*24 La obra de arte mantiene así una apertura latente para ser transitada-habitada y un mundo que configurado por el visitante trasfiguran el espacio y el tiempo de forma peculiar. Solo de esta manera la palabra trasforma. 

el poeta usa la palabra, pero no del modo
 que tienen que usarla los que hablan o
 escriben habitualmente desgastándola, sino
 de tal manera que gracias a él la palabra
 se torna verdaderamente palabra y así
permanece.”

Heidegger

Esa permanencia vertical es el tiempo poético-metafísico que nos abre de par en par. Allí la voluntad y el pensamiento desaparecen como tal, son sublimados, no coaccionados ni reprimidos, sino que es un abandono placentero, no al modo sensualista ni intelectual, sino ambos reintegrados en una unidad indiscernible. La obra muere ante una sensibilidad cerrada y aferrada a tiempos y espacios concretos, la obra se sofoca y no da más que sus rasgos externos y materiales. Incluso una razón cercenada como la actual no predispone la apertura del mundo de la obra, dice Heidegger al respecto: “lo que en éste y otros casos parecidos llamamos sentimiento o estado de ánimo sea más razonable, esto es, más receptivo y sensible, por el hecho de estar más abierto al ser que cualquier tipo de razón” *25. No es, de más esta aclarar, un sentimentalismo barato que los medios masivos de comunicación están acostumbrado a difundir*26 sino un temple de animo (Cf. Heidegger “Que es metafísica”) propicio para el acogimiento real de la palabra.

Abba Pastor: “Enseña a tu boca a hablar
 las cosas que encierra tu corazón”*27   

Abba Isidoro de Pelusio: “Vivir sin
 hablar es mejor que hablar sin vivir”*28


Es necesario retornar al origen esencial de las palabras para que estas puedan tener consistencia y vitalidad. El silencio, el recogimiento, la huida de un tiempo que cercena la realidad, propician el verdadero lugar desde donde nacen las palabras. 


El retorno al origen

Difícilmente abandona su
 lugar lo que mora cerca del
origen”.

Hölderlin

El “retorno al origen” (Cf. Mircea Eliade*29 ) cobra mayor significancia ya que es el momento primordial del artista, es pues el momento prístino en el cual el artista se hace uno con la cosa, se confunde para luego distinguirse y alejarse. Luego, la obra de arte cobra vida propia, el artista se hace ajeno a sus nuevas significaciones de ella emanadas en sus reiterados encuentros con sus interlocutores. En este sentido el momento creador y primordial no es en el tiempo sucesivo o continuo y habitual, sino, propiamente dicho ajeno a él. La poesía es como un relámpago que hiere la corteza temporal y contingente y nos apropia a lo perenne y eterno. No es solo una posición receptiva o de apertura propia del talante del artista sino más bien de mimesis*30  con el todo. En la vivencia extasiada del artista él es devorado por la realidad escrutada haciéndose duo in anima una, dos en una sola alma. En esto se diferencia claramente el arte de la ciencia actual. La distancia del sujeto y el objeto desaparecen para dar lugar a un abrazo esencial con la realidad. Claro que esto no anula el trabajo que sobre la obra luego sea meritoria realizar, técnicas, pulidos, refinamientos estilísticos, etc. Pero el centello vertical ya a dejado su cosecha, lo demás será accesorio o accidental.

La poesía sobrevive al poeta, la poesía logra exceder al tiempo y a la muerte ¿Pero donde o como lo hace? Sobrevive convirtiéndose en legado para otra sensibilidad que logre acogerla. Así la comunidad humana se teje en un lenguaje perenne que vehiculiza la belleza y con ella un estirpe de hombre digno de llamarse así.  

 

La esfera de M.C. Escher

"No se puede salir de ese punto central".

Tiempo y narración en Paúl Ricoeur

 

Los tres tomos de Tiempo y narración de Paúl Ricoeur quizás sean la obra más significativa entorno a la temática que aquí se esboza muy tenuemente. Allí el autor presenta y defiende su tesis principal: La narración se confirma con, virtud y poder, para poder hacer comprensible la experiencia del tiempo como realidad del hombre*31 . Ricoeur se compromete en el empeño de esclarecer cómo las fenomenologías del tiempo invalidan las interpretaciones cosmológicas de él, y viceversa. Por esto Aristóteles se confronta a San Agustín, Kant a Husserl, Heidegger a la “concepción vulgar” del tiempo, al afirmar unos que el tiempo es realidad de la conciencia y otros que pertenece al mundo. Tanto las perspectivas fenomenológicas como las cosmológicas no aproximan al tiempo específicamente humano, puesto que éste no es sólo de la conciencia ni sólo del mundo. El específicamente humano es un “tercer tiempo”, entre el cosmológico y el fenomenológico, que solamente el relato, por medio de la actividad “mimética” (en el sentido aristotélico), hace comprensible, mientras que su vivencia aparece profundamente aporética para el lenguaje conceptual” *32.  

 
 

El tiempo apuñalado

René Magritte

 
Conclusión
No podemos hablar de conclusión, sí podemos decir que asistimos a un cese de inmersión en está realidad visitada para retornar probablemente a otras. Si han estado atentos a las palabras anteriores habrán notado que nos hemos alejado, no solo de las demás cosas, sino de nosotros mismos para convivir con ellas. Por más que ellas nos remitan a la reflexión sobre el tiempo. Hemos abierto una hendija. Por allí hemos espiado la realidad del tiempo.

Propiamente el tiempo de la poesía no es un tiempo, allí no hay un trascurrir, sin embargo, la realidad se desnuda en la mimesis poética. La poesía, así, apuñala el tiempo del reloj y se vuelve performativa, trasformadora de almas, renovadora del mirar, nos cambia los ojos, amplia nuestra mirada, rompe con la corteza asfixiante de lo meramente palpable y lo funde con un más allá, aquí. 
CITAS
*[1] San Agustín de Hipona. Cfr. Confesiones. Xl, 14, 17.
*2Borges J.L. Otras inquisiciones
*3 Chaparro-Núñez, El hombre y la cultura, Pág. 23.
*4 “El centro de esta esfera es la tierra, la cual es el ámbito de los seres corruptibles. En torno a ella se mueven las esferas y las estrellas con un movimiento circular y eterno (en la cosmología aristotélico y ptolemaica existen 54 esferas de compleja deducción físico-matemática)” Ob. Cit. Pág. 24.
*5 Ptolemaica-aristotélica.
*6 Ob. cit. Pág. 47.
*7 Ob. cit. Pág. 49.
*8 Carlos Darwin (1809 – 1882) en Cs Biológicas y Jorge Cuvier en (1769- 1832) Anatomía comparada.
*9 Ob. cit. Pág. 79.
*10 Ob. cit. Pág. 103.
*11 Filósofo y sociólogo Frances.
*12 Morin Edgar, La cabeza bien puesta, Ed. Nueva Visión, Bs. As.
*13 Ob. cit. Pág. 64.
*14 Aquel que se entiende como una mera sucesión continua de “ahoras”
*15Bachelard, G. La intuición del instante, p.115.
*16 Bachelard, G. La intuición del instante. p.115.
*17La espera es, luego de la donación de nuestro ser, una de las actitudes constitutivas del hombre.  
*18 De Anquin, Nimio. De las dos inhabitaciones en el hombre. Ed. UNC, Córdoba, 1971. http://www.nimiodeanquin.com.ar/obras_y_escritos.php
*19 Bachelard, G. La intuición del instante. p. 117.
*20Bachelard, G. La intuición del instante. p. 117. *21 Léase los maravillosos poemas de C. Baudelaire, El albatros, Elevación y Correspondencias, de Las Flores del Mal, sobre la utilidad e inutilidad de la poesía-poeta. *22 Heidegger, Martín. El origen de la obra de arte, en Caminos de bosque.
*23 Quizás por esto, en los cafés literarios o en los encuentros, donde se hacen maratones de lecturas, se disfrute muy poco en realidad de la poesía, pues es más bien, en soledad, silencio y recogimiento desde donde surge un “espacio” propicio para el temple del animo necesario para, luego, ingresar a/en la poesía.
*24 Heidegger, Martín. El origen de la obra de arte, en Caminos de bosque. *25 Heidegger, Martín. El origen de la obra de arte, en Caminos de bosque. *26 Por ejemplo, la costumbre de acumular y difundir indiscriminadamente citas de autores, filósofos, científicos, literatos por montones sin la capacidad de adéntranos en ellas realmente. *27 Los dichos de los padres del desierto, Colección alfabética de apotegmas. Trad. P. Martín Elizalde (O.S.B). Vol. I y II. Apostolado Mariano, Sevilla. Apotegma 738 *28 Apotegma 366
*29 Eliade Mircea. Mito y realidad, p.41.  
*30 Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Mimesis
31 Cf. Tiempo y narración Tomo III. P. 629
*32 Cf. Tiempo y narración. Tomo I


 
*Bibliografía
-              Deleuze, Gilles. Kant y el tiempo, Ed. Cactus, Bs. As., 2008
-              Bachelard, Gastón. La intuición del instante, Ed. Siglo veinte, Bs. As., 1980. 
-              Gordon, Samuel. El tiempo en el cuento hispanoamericano. Ed. UNAM, México, 1989.
-              Zambrano, María. Los sueños y el tiempo. Ed. Siruela, España, 1998.
-              Ricoeur, Paúl. Tiempo y narración. La configuración del tiempo en el relato histórico. Ed. Siglo veintiuno, Bs. As, 1995.   
-              Eliade Mircea. Mito y realidad. Ed. Labor S.A. Barcelona, 1992. 
-              Borges J.L. Otras inquisiciones.
-              Heidegger, Martín. El origen de la obra de arte, en Caminos de bosque, Ed. Alianza, Madrid, 1996.
-              Los dichos de los padres del desierto, Colección alfabética de apotegmas. Trad. P. Martín Elizalde (O.S.B). Vol. I y II. Apostolado Mariano, Sevilla.
-              Chaparro, M. y Núñez, R. El hombre y la cultura, Ed. Del Litoral, Santa Fe, 1985.

Mariano Rodrigo Mariani Ermacora Es oriundo de la ciudad de Sante Fe, anclada en la llanura pampeana de nuestro país. Tiene 35 años, es profesor de Filosofía (Instituto Castañeda) y pronto a terminar su Licenciatura en Filosofía (UCSF) cursa, además, la Licenciatura en Educación (UNQ). Impulsado por su maestro, por la búsqueda de un lenguaje que lo acerque  a las cosas y al hombre, escribe poemas, narraciones y breves cuentos, donde intenta plasmar la naturaleza profunda de nuestro ser y su relación con lo Otro. Ha participado de varias Bienales de Arte joven en su ciudad, como así también en antologías, concursos y cafés  literarios. Además participa hace 6 años de la página iberoamericana de cuentos www.loscuentos.net bajo el seudónimo de Chajá.

 

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