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miércoles, 6 de agosto de 2014

GRISELDA RULFO Villa María Córdoba / Argentina

Griselda Rulfo
Villa María – Córdoba - Argentina





VIERNES

Este viernes
suelta el amargo deja vu
de una semana
que se arrastra.

Un viernes
que inconclusa el tiempo
lo enrosca entre mis tripas
para desollar voces
que me aturden.

Este viernes
azora la mirada
y deja las palmas húmedas,
resuelve la vida
en torpe carcajada.



QUISIERA

Quisiera estar desnuda
envuelta en nube fría
pisoteando burlas
en la calle.

Pero la nube se niega
y deja ver la flacidez de la piel
los pezones que agonizan
y un vientre circular
que atrapa
risotadas.

                                   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               MIS BESTIAS

Las bestias de mi sangre
invalidan
tu muerte anunciada.

Ciega de tanta crueldad.
Aniquilada,
busco la ausencia en recovecos.
Entre la grieta
del tiempo
que anuncia tu rutina
de despecho.

Tu cuerpo oxidado
arranca mi piel
y escapo hacia el desierto de vidrio
que dibuja llagas
en mis pies.

¡Maldita la llama
que roza  mi sexo
cuando embistes mi carne
con tu carne ajena!


DICEN

Dicen que en las cloacas
Hamelín toca su flauta
sobre un ejército de ratas
que habitan la ciudad de los subsuelos.

Dicen que en las calles
cuervos de corbata y portafolios
arrancan los pedazos
de los inquilinatos.

Dicen que las finas prostitutas
se revuelcan en sábanas de seda.
Mientras afuera,
en la calle,
un falso ciego patea al niño
que le roba las monedas.




“aprendí a fumar con rubén
enrollando tabaco mariposa en papel de seda”
Elena Annibali

CON ELLA


Me ofreció.
No quise decirle
que nunca había fumado.

Pero con ella
fumé mi primer cigarrillo.
Fumé mentolados,
habanos,
de chala,
rubios y negros.
Me enseñó todo.
Y todo lo aprendí
Me fumé las caricias.
Me fumé la vida.

Cuando ella se fue
me quedaron  cenizas,
puchos aplastados.
Un cenicero de lata
vacío entre las manos.



PONENCIA VIII ENCUENTRO INTERNACIONAL  COMUNITARIO

DE ESCRITORES Y ARTISTAS PLÁSTICOS

 EN LA PROVINCIA DE SAN JUAN - ARGENTINA


EDITH VERA


¿Es Edith Vera de esta década como solicitan los requisitos para presentar la ponencia? Creo que Edith ha sido, es y será de todas las décadas. Su poesía no tiene tiempos, ni edades, ni espacio. Es universal.
¿Por qué elegí hablar de ella? En principio porque era de mi ciudad, pero especialmente porque su vida y la mía se cruzaron cuando – después de más de 20 años de trabajar en la docencia sin escribir una línea volví a la palabra y me la encontré en el Taller literario de Marta Parodi, su amiga y autora, unos años después, de “Con trébol en los ojos”, Vida y obra de Edith Vera.
Qué sencillez la de esta gran poeta que concurría con nosotros, un grupo de aficionados haciendo recién algunos palotes en la escritura. Y se reunía con nosotros, en el patio de mi casa, a comer un asadito y a leer después en una corriente enriquecedora que te hacía perfumar la sangre con sus palabras pétalos. Ella sabía mirar mis trabajos, indicarme detalles para mejorarlos, siempre con la humildad de los grandes.
Dice Jesús Chirino: El acta número cuatrocientos cuarenta del Registro Civil de la ciudad, fechada el 28 de agosto de 1925, señala que aquella tarde, más precisamente a las dieciséis horas, se presentó en la oficina estatal Norberto Vera para declarar que el día anterior, a las nueve y quince horas de la mañana, había nacido su hija. La niña vio la luz en el domicilio particular de Vera y su esposa, Aurelia Piazza. Nada de lo escrito en la partida de nacimiento de Edith Vera hizo sospechar que había llegado a la vida una poeta de letras mayores de cuya obra, la escritora María Teresa Andruetto, escribiría:

Cuando empecé a ocuparme, y a preocuparme, por la literatura que les ofrecemos a los chicos, esto es en l984, la poesía de Edith Vera, brillaba como una extraña gema en el vapuleado mar de los libros para chicos. Y no han cambiado, en ese sentido, demasiado las cosas, porque si la poesía, la verdadera poesía, es difícil de encontrar en este mundo, la poesía para los chicos es infinitamente más inhallable. En un campo tan resbaladizo, tan trajinado por el deseo de agradar, por las obligaciones pedagógicas, por el empeño en lo que debe ser, por lo políticamente correcto, por los manuales de buenas costumbres, por las necesidades curriculares, encontrar expresiones de auténtica poesía ha sido siempre un milagro. Un verdadero milagro…”[1]

Edith Vera nació el 27 de agosto de 1925 en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba, y murió en esa misma ciudad en el año 2003.
Una de las notas principales de su lírica, en palabras de Marta Parodi[2], es la permanente filiación con la naturaleza:

“Tal vez porque fui rama
con hojas, sin espinas.
Más tarde fui una simple
corola en la mañana.
Porque fuego de soles
el corazón me ardieron
y mi sangre fue savia,
y mi piel sin defensa
para ser lastimada.
Después vestí de verde
de blanco y rojo grana
y elegí aquel poema
que tanto me gustaba.
Tal vez, por todo eso
una vez fui manzana.”
[3]


Dice de ella María Celia “Puqui” Charras: Edith, Maga, Hechicera, Cántaro de Música, Alquimista de colores, Transformadora de las cosas más sencillas en milagros. Así se perfilan verdaderos creadores que sobresalen entre los de primer plano local y nacional. Y era de Villa María, y fue nuestra desde siempre.
Quizá, al nacer el hada madrina de las fábulas le dijera: -“Serás la reina de la poesía en tu tierra.” Y lo fue, sabemos que lo fue por las notas laudatorias que de ella hicieran algunos de sus muchos amigos, escritores, poetas y artistas.
Egresó como maestra bachiller de la Escuela Normal Víctor Mercante en 1945. Al año siguiente fue a trabajar a Leones. En 1947/48 era trasladada a San Francisco del Chañar. Se instalaría en Córdoba para iniciar sus estudios de Abogacía y comienza a trabajar allí en la Escuela Domingo Faustino Sarmiento en el B° Cofico. En 1954 se casaba en Villa María con el médico pediatra Mateo Abner.
A principios de 1959 comenzaba el profesorado de Jardín de Infantes en la Escuela Normal Víctor Mercante. Dada su capacidad, cuando egresó, fue nombrada Directora guía de ese Jardín. Acompañándose con su guitarra, Edith enseñaba e iluminaba los ojos de sus pequeños asistentes contando o cantando cuentos y poemas.
Por su manera de motivar la imaginación de sus alumnos jardineros, valorando además su obra poética, Edith fue invitada a llevar sus versos y canciones a Chile, Paraguay y Alemania. En Yugoslavia participó del film “Der Komandent”.
Impulsada por la profesora María Luisa Cresta de Leguizamón, en 1960 Edith Vera se presentó al concurso “Campaña para una buena literatura para niños”, organizado por el Fondo Nacional de las Artes, y ganó el Primer Premio con las poesías del que sería su primer libro: Las dos naranjas, publicado recién en 1969 y el Premio “Alberto Burnichon Editor” al libro mejor editado en Córdoba en el bienio 1997/1999, por El libro de las dos versiones
Sin embargo los poemas de este libro ya circulaban antes de su tardía edición; se leían en programas radiales, en las escuelas, integraban antologías.
 Las titiriteras Sarah Bianchi y Mané Bernardo llevaron su poesía a México. Y sintió que había recibido el premio mayor, en la intimidad, cuando se enteró de que en un viaje en barco a Helsinki, una gran poeta chilena se las leía a sus nietos. Se trataba de Violeta Parra. [4]
Llegado el año 1964 la poeta se separó de su esposo y eso fue causa de un gran sufrimiento. No obstante, ese dolor no le impide que siga respondiendo a su vocación y a continuar el camino de las letras.
Su primer libro, Las dos naranjas, con ilustraciones de la autora, hechas en tinta, y una tirada de ejemplares numerados pintados a mano, obtuvo el premio elegida por un jurado compuesto por Cuca Efrom, Anita Levinstein y Fryda Schultz de Mantovani.
El libro se abre con un poema de seis estrofas, y luego se divide en “La naranja dorada” y “La naranja azul”, que podría leerse como la antinomia del día y la noche, con todos los elementos que le pertenecen a cada uno. Quizás confirmen esta idea, las ilustraciones de dichas divisiones, que expresan una naranja/niño con los ojos y boca abiertos y flores en su cabeza (naranja dorada); y una naranja/niño con los ojos y boca cerrados, junto con estrellas en el mismo lugar (naranja azul).
“Las dos naranjas”, es quizás uno de los libros más bellos que se hayan editado y hay que decir que antes de ser publicados, los poemas ya se leían por radio, integraban antologías, circulaban por las aulas. A continuación un breve poema de este libro:


Naranja, niña de espuma
quiso bajar a la tierra
y en el oro se bañó.
Naranja, niña de oro,
jugando a la ronda-ronda,
en el azul se durmió.

Y en 1972 terminó de escribir el libro “La casa azul” (editado recién 29 años después). En 1978/9 surgió su poemario “La palabra verde y los caracoles”. A mediados de 1979, fue exonerada de su cargo de Directora del Jardín, mortificándola además con repetidos allanamientos a su domicilio.[5]
Ella siguió escribiendo y si bien existen poemas dispersos y perdidos el total de sus obras comprenden diez libros de poesía, aunque sólo se publicaron cuatro. A partir de 1983 rescato: “El conventillo verde” (1983), “Del agua, de los pájaros, de los cielos y de los quehaceres terrestres” (19939), “Palabra” (1993), “Láricas” (1994), “De recetas y testamentos” (1994), “Pajarito de agua” (1995, editado en 1997), “El libro de las dos versiones” (1995, editado en 1998).
Edith también escribió cuentos, por sus páginas transitan sus recuerdos de la niñez. Esa Edith que no pudo tener hijos pero que quizá fue la que muy bien entendió a los niños aunque con sus obras también deleitó a los grandes. Esta es la lista:
“Ratita gris y ratita azul” (1995), “Un cuento para chicos” (1982), “El explicador de palabras”, “El herbolario” (1991), “De cómo es posible ver las cosas que nunca se vieron y hacer cosas que nunca se hicieron” (1991), “Alas” (1991), “Tres cuentos en tres nidos” (1991: Cuento que cabe en el nido del picaflor / Cuento que cabe en el nido de la paloma torcaza / Cuento que cabe en el nido del pato sirirí), “Amores rústicos”, “El lugar donde vivo” (1995), “Li, un osito mimoso y goloso” (1996).
Cuando en 1983, con la reinstauración de la democracia muchos profesionales pudieron recuperar los cargos perdidos durante la dictadura militar, Edith intentó regresar a la dirección del Jardín, pero el Ministerio de Educación le prohibió su reingreso. A partir de entonces Edith optó por la soledad y el aislamiento en su propio hogar al que desde 1985, ya nadie pudo volver a entrar.
Cuando la iba a visitar – si ella salía - hablábamos en la vereda, o en la cochera donde guardaba su querido Ami 8. Allí dejábamos los amigos mensajes o algún objeto y ella los retiraba.
María Teresa Andruetto reflexiona sobre la decisión de autorecluirse de Edith Vera:

Mucho se ha hablado del escondite de Edith, acaso más, mucho más de lo que ella cree, pues aquí, en Villa María, ha permanecido ovillada, escribiendo, oculta, pero también, justo es decirlo, preservada del mundo, acaso para oír / para oírlo / para oírnos mejor. Pero, me digo, acaso sea ese esconderse, ese cuidarse de nosotros en el que ha puesto tanto empeño, lo que ha preservado su escritura y su mirada primera, su posibilidad de ver en las cosas, en cada cosa entre las cosas, otra cosa, lo que nosotros no vemos.”[6]

La poesía de Edith Vera ha sido definida a menudo a partir de la inocencia y el asombro ante el mundo. Los objetos cotidianos, el entorno se transforman a través de una mirada diáfana en materia poética.

“El tomate es un rojo
almohadón de seda.
Lo ponen en la mesa,
se queda.
Lo ponen en un plato,
se queda.
Rojo.
Rojo.
De seda.
Se queda.”
[7]

“En la inocencia, la maravilla y el asombro. Y tras el asombro, tintineando, muy escondida, la tristeza. Es la misma tristeza que experimentamos ante la pureza de los niños, porque sabemos, dolorosamente sabemos, que más tarde o más temprano, esa pureza se verá manchada. Pajarito de agua da testimonio de lo que ella es, de una mirada inocente, ingenua, libre todavía, un poco antes de verse arrasada por la conciencia de la maldad, un minuto antes de la caída. Toda su poesía, toda su vida digo, se ha mantenido ahí, próxima a la cornisa, pero sin la tentación de la caída en el vértigo, en la oscuridad. Siempre, por un minuto más, incontaminada.”[8]


Soledad y reconocimientos

Edith Vera fue una reconocida artista multifacética, incursionó en el periodismo, la música, las artes plásticas y la escritura. En el año 2002 por Ordenanza 5.043 fue declarada Ciudadana Destacada de la ciudad de Villa María. En abril de 2003, cuando ya no vivía en su casa, murió pobre y con mucho menos reconocimiento social del que se merecía.
En agosto de 2003 de ese mismo año, mediante Ordenanza 5.192, la ciudad designó con su nombre la Sala de Lectura Infanto Juvenil de la Biblioteca Mariano Moreno. En el año 2004 una calle en Barrio Parque Norte pasó a llevar el nombre de esta mujer. Numerosos han sido los homenajes que artistas de la ciudad han ofrecido a la memoria de esta mujer cuya poesía fue admirada por niños y adultos de tantas latitudes. En setiembre de 2009 se hizo una consulta entre los vecinos para ver qué nombre se le ponía al Jardín de Infantes ubicado en el barrio San Martín, sector de las cuatrocientas viviendas. Entre los sugeridos las docentes eligieron el de Edith Vera, la mujer que quiso que su casa quedara para la ciudad y se transformara en teatro para niños, biblioteca y casa del poeta.
Pero ya antes de que Edith falleciera esa casa no sólo había sido despojada, sino que también había sufrido el poder destructor de las llamas. Muchas de sus pertenencias fueron tiradas a la calle. Algunas voluntades se sumaron para reclamar que se concretara la voluntad de la escritora, el intendente manifestó públicamente su predisposición a que se concretara el proyecto.

“Pero el tiempo pasó y actualmente en el terreno de aquella casa se erige un moderno edificio. Quizás simbolice la deuda que nuestra sociedad siempre estará pagando por no poder cumplir con aquella voluntad y no haber atemperado, aunque más no fuera, la soledad que muchos dicen vivió esa mujer que tantas veces nos sigue iluminando cuando leemos sus poemas”. [9]

En el prólogo del libro Con trébol en los ojos de Marta Parodi dice Alejandro Schmidt:

EDITH VERA, AQUÍ


“Sólo por este libro podemos acceder a trabajos inéditos, que superan ya veinte años de ocultamiento.
(…) Hay muchas maneras de leer una rosa, dice la poeta… Una segunda, demorada lectura de Con trébol en los ojos, nos permitirá llamar a su puerta invisible (las otras puertas ¿qué son?), saber que Edith Vera está aquí, candor y dolor, música nuestra, humilde, altiva, fugaz de permanente.
Tenga a bien el lector seguir por estos ríos, aceptar que, La palabra no es pronunciada. / No tiene voz. / Aún no hay voz para describir tal maravilla.[10]








GRISELDA RULFO Vive en Villa María (Córdoba). Es profesora de Educación Física y Psicopedagogía jubilada. Ha participado y obtenido premios en concursos de poesía y narrativa locales, provinciales y nacionales.
Publicó: “Nueve y diez el que no se escondió se embromó”. 2009, Narrativa. Y participó en las siguientes Antologías: “Voces de este río”. Narrativa - 2009 –; “Antología literaria”. 2010. “Collar de perlas”. Narrativa. “Escritura compartida 2012”. Poesía. “Premio nacional de literatura” Poesía. Tres de febrero 2012 – y “Antología 2º Concurso regional de cuento y poesía PROCEDER”. Departamento de Arte. Universidad Nacional de Río IV.
Asiste a Encuentros de Escritores y dirige el Café literario “Mentiras que valen la Pena”.




[1] Jesús Chirino. Edith Vera, la princesa de Las Dos Naranjas. Transitando los caminos de la historia - Nº 220. El Diario del Centro del País. 08 de agosto de 2010.
[2] Parodi, Marta. Sobre vida y obra de Edith Vera. Conferencia pronunciada en la Universidad de Villa María, Provincia de Córdoba, 3 de julio 2004.
[3] Vera, Edith. La palabra verde y los caracoles. 1978-1979. Inédito
[4] Parodi, Marta. Con trébol en los ojos. Vida y obra de Edith Vera. Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1996.
[5] María Celia “Puqui” Charras. Extraído de: Voces del silencio. Poetas que le cantan a Villa María, Eduvim, setiembre de 2009.
[6] Andruetto, María Teresa. A propósito de Pajarito de agua de Edith Vera. Presentación del libro Pajarito de agua, de Edith Vera (Villa María, Córdoba, Ediciones Radamanto, 1997), el 13 de septiembre de 1997. Un fragmento de esta presentación puede leerse en la revista La Mancha. Papeles de literatura infantil y juvenil Nº 15. Buenos Aires, septiembre de 2001; págs. 14-17.
[7] Vera, Edith. La Casa Azul. Ilustraciones de la autora, con la colaboración de Genoveva Bosch. Córdoba, Argentina, Ediciones Garabato, 2001
[8] Andruetto, María Teresa. Op. cit; pág. 16
[9] Jesús Chirino. Ob. Cit.
[10] Parodi, Marta. Ob. Cit.

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