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domingo, 10 de mayo de 2015

Graciela Urcullu San Juan / Argentina

Graciela Urcullu




NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS

Cualquier semejanza con la realidad es debida a los caprichos del azar.

“La motivación fue la envidia, actuaron con discernimiento y sin piedad”, decía el Informe Psiquiátrico – Psicológico.

“Concurro a Tribunales a cumplimentar la cita con el Juez”. Así se expresó frente a Su Señoría. Y para sus adentros: “eso si, para enfrentar a los legales voy echa una pinturita. Muy limpia, ojos y uñas pintados, muy  bien peinada. Arreglarme, eso me permiten hacer en la cárcel. Que aburrimiento se la pasa uno allí, si no fuera por eso de cuidar mi aspecto... Ahora se viene el  encuentro con el sicólogo y el Dr. siquiatra. Estoy mal por que me mantienen presa y separada de mi amor y amante. El hijo, fruto de este amor apasionado si, me lo dejan. Ninguna otra visita.
 Pero no les  tengo miedo, porque “un tropezón no es caída” .Me las he visto fiera muchas veces, y siempre me levanté. Esta la hicimos, lo que le hicimos a la patrona, fue por intrusa. ¿Quién la mandó a devolverse a mirar el estofado que había metido al horno antes de salir? Si yo, que no soy tonta, iba a sentir el olor, y cuidaría la comida. La comida es sagrada para mi entender, sino cuando morimos, ¿que nos llevamos? Además, ¿porque era tan buena cocinera? Buena, lo que se dice buena sí era, o se hacía, no me negaba, ni daba vueltas para largarme un peso cuando se lo pedía, lo necesitaba para pagar el telo cuando iba a salir a encontrarme con él. Yo me enamoré de este pibe, en la calle, casi nos atropellamos. Más alto que yo, debía pasar el metro y setenta y cinco, boca de labios gruesos y sonrientes. ¡Y que ojos!, te ablandaban sin hablar. Una vez bastó de ir a tomar un café, para conocernos y saber que nos deseábamos tanto. No salíamos de hoteles alojamientos. Yo ponía el dinero. Y ella siempre me daba plata, sin preguntarme en que la usaría. A veces, pensaba yo, esta mujer me mira muy seria, se dará cuenta que por fin encontré a Georgie, y que es menor que yo? Quince años, solamente. ¿Maliciará algo? ¿Y que los adelantos de sueldo que le pido cuando salgo son para ir a telos y amarnos con desesperación?

Estabamos frenéticos. Sexo hasta la locura. Y ahora el psicólogo ¿que querrá saber? ¿ si estoy loca? Si me lo pregunta ya sé lo que le contesto, sí don, pero loca de amor. ¿Se nota que a usted no le pasó nunca? Además Jorge no bebía, y era un ejemplo de bueno y patriótico. Tanto que el  Rotary le dio un premio por una cosa que escribió sobre las Malvinas, durante la guerra. Era muy leído. Me enseñó que, cerca de esas de esas islas robadas por los Sres. Ingleses, estaba la cárcel de Ushuaia, y más acá está la de Santa Rosa. Y también la de Buenos Aires y cerca, en una isla que lleva el nombre del cocinero de Juan Díaz de Solis, el conquistador español ¿Como es que se llamaba esa isla?. En una de esas, a otra más le ponen mi nombre, a otra isla, por buena sirvienta, digo. Las casas que serví, siempre brillaban. ¿Como era que se llamaba la isla?, voy a preguntar en la Alcaldía. Ayer averigüé Martín García se llama. Allí me gustaría que nos llevaran, en barco o helicotero en todo caso, si no queda otra. Porque es una cárcel para políticos y de seguro comen requetebién y duermen en finas sábanas, como las de la patrona.
El olor a sándalo, que era el preferido por ella, estaba permanente en la casa, las toallas y su ropa interior. Lo tengo metido en las narices. Decía, no hay que olvidarse  de comprar el sahumerio y los aceites. Yo en cambio prefiero, el olor a lavandina, porque es olor a limpio. Siempre cumplí en tener la casa limpia, eso sí, muy limpia.

¿Por qué será que recuerdo tanto esas plantas de su jardín, que yo tenía hasta con las hojas lustrosas? ¿Porque será que se me viene a la cabeza, justamente, ese rosal que tenía pulgones y que no los podía sacar? No se iban los bichos por más que les echaba agua y desinfectante.
Cuando los psicólogos me pregunten porqué la matamos, tengo ganas de decirle, que se yo, por intrusa..., y repetir tantas veces la historia. ¡Que fastidio!
Si, era buena, rebuena, no puedo decir que no. ¡Pero que tenía que devolverse a mirar el estofado del horno estando Jorge fuera de mi dormitorio! Ya habíamos embalado algunos muebles, sobre todo el de la música y la televisión, ya nos íbamos a vivir nuestro amor como corresponde. Si casi nos fuimos con la música y todo. No con una mano atrás y otra adelante, como quien dice. Y ella molestando.
Muy temprano, casi de madrugada, la despertó el timbrazo. Esta historia empezó enfocando el final, para luego ir acercando el lente al momento inicial en que la dueña de casa abre la puerta y encuentra una mujer de unos 35 años, pelo castaño, rasgos comunes, bien arreglada, lo que ayudaba mucho, en la tan importante primera impresión. Aunque no era fea, tampoco linda era si, extremamente pulcra. Respondía al aviso en el diario, a su pedido de servicio doméstico. Tal fue como la vio por primera vez.
“Pero eso si doña, yo necesito alojarme en su casa pues he llegado hace poco de Bs.As., y no me queda mucho más dinero para el hotel”.
La Sra. dueña de casa no puede hacer foco, todavía. Nunca pudo. Ve como entre sueños, recién se levanta de una pesadilla y la mujer, futura empleada doméstica, la impresionó bien de tan aseada y compuesta. Le contesta: “Si hija, tengo una habitación en el fondo con bañito y todo.  Pase, hace frío, se puede resfriar”.
Y empecé a conocer como eran las cosas en esa casa. Después del desayuno los señores, el padre y el hijo, se iban a trabajar al hospital, eran médicos. La hija de Bs. As.,  no venía nunca. A la tarde, consultorios particulares. También salía la patrona, era dentista..., y yo a fregar, siempre limpiando. Extrañaba Bs. As., por la mucha gente y entretenimientos y también un poco por mis hijos que dejé con mi mamá y otra, por mi pareja. Aunque a ese lo dejé y me vine porque no me cumplía bien, a veces no me visitaba y hasta un día me pegó. Yo plata siempre la tuve, para eso trabajaba, sacaba la roña ajena y me pagaban bien, pero ese atorrante no me dejaba los pesos que yo ganaba, no iba a dárselos todos a este vago, por más bien que fuera en la cama. Si hasta decía que si trabajaba de puta iba a ganar más, y más rápido y él, ni celoso que iba a estar. Tenía que buscar la suerte por otros lados y me las tomé en un colectivo que me alejó 1200 km. de la Capi. A cualquier sitio daba igual. Soy fuerte, siempre me defendí sola.
“Me enamoré, no nos cansábamos de hacer el amor. Y claro, comenzamos a extrañarnos, hasta que lo invité a dormir conmigo todas las noches en casa de la patrona y él dudaba. Un día me


harté y me lo llevé a la pieza de empleada doméstica en la propia casa. A la final, él siempre hacía lo que yo decía. Comíamos la comida que hacía la vieja. Porque ella mimaba mucho al marido y al hijo.
Cuando había peligro de ser avistado, él se metía debajo de la cama. ¡Todos y casi todo el día se la pasaban afuera, trabajando, comprando esto y lo otro, que se yo! Entonces él salía y podíamos escuchar música en el fabuloso Centro Musical, bailar cuartetos, y hacer el sexo en la alfombra, en la cocina especialmente de parados. Me la ponía por atrás y no podía concentrarme bien en la limpieza. Meterlo fue fácil, estaba tanto tiempo, en la casa sola. Lo difícil era mantener a los patrones alejados de mi pieza. Y si amagaban acercarse, yo que estaba por ahí le avisaba y se metía debajo de la cama.
¿Por qué todos se callan cuando entro a servir las comidas? ¿Sospecharán algo? Debemos apurar los trámites y rajarnos cuanto antes. Yo debo estar encinta, hace meses que no me viene el período.
Nunca toqué ni un vuelto. No descuidé, jamás, el aseo de la casa, que quedaba un primor, y la patrona feliz. A pesar de que muchas mañanas pocas ganas tenía de levantarme, a preparar el desayuno, pocas tenía, con el bombón sobre mi, pegada al amor de mi vida. Y tan decente..., no necesito comer me decía, con comerte a vos me basta. No te arriesgués a traer una bandeja a la hora de las comidas. Pero como no iba a hacerlo si la fulana a quien servía además de todo lo que tenía, cocinaba como cocinero de la tele, gustoso, más que nada los postres y dulces..., y yo soy generosa con quien quiero, como no le iba a convidar? Georgie era tan decente. Claro, era así porque se crió con un padre recto que para más era policía…  Jorge me contaba que se las pasaba tantas horas a solas, mirando el techo, estudiando, pensando, calladito. Porque el padre, llegaba del trabajo muy cansado y se molestaba por cualquier cosa. No había que hacer ningún ruido. Nada de música ni menos televisión, donde se ve los reportes de todo lo que él hacía en su laburo. No quería volver a ver a tantos delincuentes, operativos de requisa, chorros. “Hay que ver cuantas bici, motos calefones centros musicales y compus tenemos ya, pero no se sabe bien quienes son los dueños”, les contaba. Cuando éste no estaba, no fuera a pensar que era “rarito”, ayudaba siempre a su vieja, que en la limpieza, que en los mandados. Hasta en la cocina. ¡Qué tesoro!”
“Se volvió a mirar el estofado, la muy tonta y Jorgito se puso una media en la cara. Yo estaba con el cuchillo de la carne. Cuando ella se avivó, comenzamos a empujarla y se le dio por gritar, yo para callarla le di unos cuchillazos en la panza que la hicieron caer. Pero no se quedó quieta, entonces Jorge medio que resbaló por la sangre en el piso, claro, y yo le dije en el segundo cajón está el palote. Con el palo de amasar le pegaba en la cabeza, para que se callara y quedara quietita de una vez y como seguía arrastrándose, le dimos con uno de los sillones hasta que no se quejó más. De la cartera le sacamos las llaves del coche nuevo, el rojo, metimos las cosas embaladas y salimos a los piques.
Al amor no lo pueden alcanzar, teníamos todo el mundo para disfrutar.-
“Prisión perpetua, fue la sentencia. Pero saldremos, porque “un tropezón no es caída”. Ya planeamos como fugarnos, y ellos no van a permitir que éste angelito se críe en cárceles o lejos de su madre. Son débiles tienen el alma débil, se van a condoler”.
El caso causó perplejidad en la siesta provinciana.


Presentación de Graciela  en el Encuentro



MALO 

Me enteré. ¿Cómo? Lo presentí,  lo supe, lo escuché: De mil tartarugas marinas que salen del cascarón, en su lenta y larga travesía, solamente llegamos a la mar una o dos. Sólo una o dos.
Para los hombres y para otros  es un manjar. Cuando no los dragados en las playas con fines industriosos, comerciales, atentan contra nuestro hábitat, depósito de huevos.


Pero yo, Brincadeyrá, soy de tierra y estoy segura. En Pehuajó, en esta patria hermosa que me vio crecer… ¿Segura?

¿Me tomaste por Manuelita? Ella quería hacerse el lifting. Tal vez por eso me encerraste primero en el baúl de tu auto, luego en un zoológico folclórico, porque… Pero ya ves, yo sólo quiero chapotear en el barro, hasta que bañándome, me refresque de este gran calor. Lo siento pero es la hora de decir la verdad, le guste a quien le disguste. Eres feo y traicionero. Malo, cabeza de mono malo. No sólo conmigo, sino con tus parientes y los míos. Siempre detrás de rejas, se vean o no. A ustedes, cabezas de mono, parece gustarles…

Brincadeyrá no puede caminar tranquila paseando sobre esta tierra. Si yo Brincadeyrá no quiero hacerme el estiramiento, ni me animo a viajar a París. Enamorada sí, pero tan solita en esta jaula.

Así es tu cabeza de mono malo, vaya a saber si te enamoraste alguna vez, por estar persiguiendo tartarugas, curiosidades, entretenimientos, que anulen tu pesimismo y eterno malhumor. Tu soledad acompañada de tanta gente como vos. Porque al parecer estás buscando siempre, siempre a quien más, más se te parezca y al diferente, si es que lo ves, a encerrarlo. Como me tocó en desgracia que me apreciaras de lejos cuando devorabas la ruta a toda velocidad y yo pasaba por allí cerca, también…


Junto a La Prof. Elina Guzzo de Vargas ,  Graciela lee sus trabajos

QUELLA MUSICA 

Desde su niñez tocaba el piano diariamente, sin saber que con la música llenaba los espacios de su casa, de su mente. También los  de su familia. Por ella sus miembros cobraban vida, luz; especialmente nonna Assunta, la más entusiasta con sus progresos. Así desarrolló aquél virtuosismo que la hizo ser la consabida presencia en las fiestas escolares donde acompañaba y daba visos de solemnidad al momento, a todos los encuentros planificados. A veces, en lugar de orgullo, sentía que era el comodín perfecto.

Un buen día ya no era una chiquilina. Su juventud la empujaba a mirar con curiosidad y secreta envidia el importante prostíbulo de la casa colindante con la suya. En las noches, especialmente de verano y por las ventanas abiertas se colaba música de jazz, de trompeta. ¿Blues de Amstrong? Música vital y profunda, como el dolor y la soledad.
Vio también como las moradoras de al lado estaban siempre arregladas. Felices, siempre, acompañadas y festejadas. Ella, en cambio como el tango, nunca tuvo novio y eso que era prolija, aseada, generosa. Por no hablar de sus otras virtudes, que eso era inmodestia.

Su erotismo reprimido, se colaba en sus cuerdas vocales, que no le respondían bien, en el temblor de los labios, en algún brillo en los ojos.
 Comprendió que todo en la vida tenía música, aunque nadie más la escuchase. La de aquellos peatones, los de mas allá acercándose quedamente en bicicleta, las horas de comer y hasta cada una de las mujeres y hombres que medraban por el prostíbulo. Todo tenía su propia música… Tal vez aquella mirada se fue corporizando. Con su descubrimiento casual.

 No sabía porque se quedaba de mal humor cuando veía acercarse aquel hermoso hombre. Siempre con el instrumento musical bajo el brazo buscando una compañía, que pagaba de seguro, tocando. Hasta que un día no lo vio más. Fue culpa de esa cualquiera que lo metió en deudas y líos con el gerente del Banco con quien la compartía. Hoy, era buscado por la policía. A todas luces era un artista que necesitaba cobijo. Entonces rogó a la santísima Virgen que cuidaba de los enfermos y los perseguidos, rezó por él, así, así como le había enseñado sunonna. Imaginó que la miraba con avidez y ella con el deshabillé transparente. Con ropa interior roja, escasa, provocativa.

Su familia estaba en el campo. Lo vio venir escondiéndose, entre las sombras sintió el timbre. Estiró su temblorosa mano para saludarlo cuando abrió la puerta. El hombre se encontró con una mujer de mediana edad, con una larga túnica y un rebozo que le estrechaba su mano. Que se aferró a ella arrastrándolo hasta conducirlo al piano y allí tocó quella música de jazz de los 30 y que lo obligó a acompañarla con su trompeta. La mejor armonía que poblara su casa. Que se llenó de fuerza, languidez y poderío.
A lo lejos la puerta del dormitorio se veía en penumbras.



El  secreto TATUAJE

…; las formas de la tierra corresponden a las formas del cielo: las manchas de la piel son un mapa de las incorruptibles constelaciones;
De Tres versiones de Judas
Jorge L Borges

¿Se puede saber la tersura de una piel, expresión del alma? ¿Se puede presentirla? Creo que siempre se puede, y también cambiarla, enriquecerla adornarla con nuevas manchas, letras, dibujos, palabras. Se trata de actualizarse, como la PC.

No encontraba pareja que durara, hasta que lo vi.
Él no obsequiaba sonrisas, mucho menos palabras. Al fin lucía aquellas imágenes y estaban allí como siempre, para tragárselas, digerirlas.

Lo seguí hipnotizada.
Claro, pensé, visual,  hipermoderno. Se subió a la ola actual.
Muestra su mundo, intenta que se vea lo de adentro, ya fuera y pegado a él. Lo dice su piel. ¡Su piel! Allí estaba... Para ser muy tomado en cuenta… Y, finalmente, admirado. Conmigo si, lo lograste... Te vi, en cuanto pasaste. Fue a causa de los tatuajes. Encierran claves de tus más íntimos secretos. Nuestra capacidad de ver y verse en los demás está, siempre. Detrás de un  vidrio, de una tupida cortina de lluvia. O de un tatuaje.

En tu piel conviven todas las formas de tatuaje. En todo tu cuerpo expuesto. Las imágenes (tu ser mismo), perforan el alma. Desee tanto que tatuaras mi nombre en algún rinconcito aún vacante. Te miré hechizada. Lejos de mi verborragia tu piel escrita me produjo una mudez soñolienta, un entregarse dormida.
Sin palabras, quería que su piel hablara por él. Supe que estaba seguro de si. Tenía alma de serpiente.
Lo observaba y finalmente me uní a su camino Ahora te llevo  en la piel y  (como la antigua canción) bajo la piel. ¡Que bueno, que erotizante!

Porque todo habla de  lo que tenemos, principalmente lo de afuera. Cada  gesto, hacia el mundo y la piel ¡Ay la piel! Que sensible es. Última posibilidad y para nosotros, suprema, del idioma.
Ninguna mirada justifica esa exposición circense…, opinaron los extraños. Algunos, que se cruzaban por nuestro camino… ¡Bah! No saben de la onda actual. Aún la más convencional y miope de las miradas puede descorrer los velos, encontrar el alma. Hay que mirar, mirar,  un alma tatuada. Descifrar ese enigma. Se puede, todo te lo dicen las imágenes. Más o menos como las líneas inscritas en la yema de tus dedos hablan de que eres único. Pero, es una pena, que no se vean, a simple vista.
Quedé hechizada. Lo repito. Me gusta repetir…
Nos encontramos en el bar y de allí a su escueto departamento sin mediar palabra. Como con  un tridente comenzó actuando.
El hizo lo suyo, yo también. Eran aguijones que nos lastimaban y, nos excitaban. 
Aunque se corre el riesgo de arruinar lo mejor; nuestra sensitiva piel. Siempre se paga un precio. Es ejercicio cotidiano y maravilloso.


Graciela lee poemas de su último libro


Graciela Urcullu
Psicóloga Clínica y forense. Ha publicado trabajos de la especialidad en revistas de la Universidad Nacional de la Plata. “Discerniendo sobre el Discernimiento” en la revista de la Asociación de Psicólogos de la República Argentina, “La Delincuencia Juvenil” en la revista del Colegio de Psicólogos de San Juan.
En cuanto a los trabajos específicamente literarios publicados figuran “Los Perros del Cementerio” y “Viaje a Misiones” en la revista Española digital “Sin Voz” (2003) Diario Clarín (2002) algunas publicaciones del Diario de Cuyo San Juan .
 “Los Perros del Cementerio” en “Poesías y Cuentos del Mundo” (Cen Ediciones 2003).
“No Codiciar los Bienes Ajenos en Terreno Literario. Antología Vol. IV. 2005



Presentación de sulibro A CONTRALUZ por laProfBerta de Abner



Lectua de trabjos de su libro.

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